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miércoles, 26 de enero de 2011

Terapia regresiva. Actuar frente a las creencias.


Muchas de las creencias que utilizamos en nuestra vida adulta tienen su origen en la etapa infantil, cuando todavía éramos vulnerables a retener y asumir como propias las creencias ajenas. Sobretodo las que venían de las personas que formaban nuestro hogar, pero también las que venían del exterior donde nos desenvolvíamos como seres humanos, con mas o menos fortuna; el colegio, los grupos de amigos,...
Las creencias ajenas que atañían a nuestra propia persona entraban en nuestra psique con una fuerza arrolladora. No las cuestionábamos, no las hacíamos pasar por el filtro de nuestra razón o aprobación, sino que se instalaban cómodamente en nuestra mente y desde allí fomentaban su crecimiento con todo un catálogo de apreciaciones externas, las cuales venían a reforzar esas creencias implantadas. Y, como sucede cuando plantamos una semilla y la vamos regando y alimentando cada día, así las creencias externas, que, en un principio, tenían la medida de una sola frase, fueron creciendo robustas y exuberantes hasta llegar a ocupar el espacio de nuestra mente intelectual y emocional.
Y con el paso de los años aprendemos a identificarnos tanto con ellas que pensamos que nosotros somos lo que creemos que somos, pero ¡ay!, ¿cuántas de esas creencias que nos conforman son de verdad necesarias en nuestras vidas?.
Un ejemplo, para verlo mas claro;
Dos hermanos, Juan y Sergio, durante su infancia escuchan constantemente a sus padres decir frases como estas;
Eres un desastre Juan. No tienes cuidado de nada, nunca llegarás a tener nada en la vida si sigues así”.
Sergio, tu hermano debería aprender de ti. Todo lo que haces está perfecto”.

En este caso es obvio que los padres están creando un clima de separación afectiva enorme entre los dos hijos, algo que, con el tiempo, les pasará factura a ambos.
Pero es que, además, es lógico pensar que ni Juan es tan descuidado como para no lograr “nada en su vida”, ni Sergio es tan perfecto como sus padres le hacen creer.
Sin embargo, esas creencias repetidas durante su niñez, se instalaron en su mente condicionando sus actos y resultados futuros y es muy posible que Juan tenga serias dificultades en llevar adelante sus proyectos y que Sergio se convierta en un tirano perfeccionista.
La pregunta es; ¿cómo habrían desarrollado sus personalidades sin el peso de esas creencias paternas?. Difícil de descubrirlo...pero no tan difícil el cambiarlo.
Mediante la terapia regresiva tenemos acceso al lugar en donde quedaron las huellas grabadas de aquellas frases; el subconsciente de cada uno.
Nuestra tarea como terapeutas regresivos es hallarlas, localizarlas y hacerlas revivir, de modo que se libere todas las emociones asociadas a cada mandato.
Arrancar la raíz de aquella planta molesta que se hizo tan grande y en su lugar plantar otra semilla que contrarreste los efectos de la primera.
En el ejemplo anterior podrían muy bien ser frases tales como;
soy capaz de gestionar mi vida con absoluto éxito. Puedo lograr mis objetivos”, en el caso de Juan.
me permito equivocarme en mis decisiones o mis actos. Soy flexible ante mis errores o los errores ajenos.” En el caso de Sergio.
Por supuesto que no es así tan fácil, es necesario realizar un trabajo apasionante terapeuta y paciente, los dos juntos, con la convicción firme de que las personas podemos y debemos formar nuestras propias saludables y enriquecedoras creencias para hacer de nuestra vida una historia personal y maravillosa, no así un bosque desordenado que continuamente nos esté frenando los pasos.
Solo hay que creerlo.
Florinda.

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